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La pitada de las 19.00 horas de la Línea 25

Conduciendo a 20 kilómetros por hora, sin tráfico, casi sin clientes, “de pronto me di cuenta que los aplausos de los vecinos eran más fuertes, coincidiendo con el paso de la guagua y me salió del corazón, fue un impulso y empecé a tocar la pita”, explica Celestino, el conductor de Guaguas Municipales en Las Palmas de Gran Canaria. Desde entonces y desde los primeros días del confinamiento el paso de la guagua de la línea 25 por la calle Mas de Gaminde, a las siete de la tarde, se convierte en todo un espectáculo para vecinos y guagüero.

Todavía con su cerebro “en estado de schok por lo que estamos viviendo”, este trabajador de uno de los servicios esenciales, no está esta semana en el turno de la línea 25 pero espera que su compañero, cuando pase a las siete de la tarde por la Calle Mas de Gaminde, “haga lo mismo, si le parece bien, porque es una forma de contribuir a que la gente se motive un poco y tengan alguna alegría en este período de confinamiento”.

“Tengo que reconocer”, asegura, “que llegaba al final del recorrido, en la zona de Las Palmas, con ganas de llorar, este gesto de tocar la bocina ha sido una descarga muy necesaria, cuando estamos viviendo una situación tan surrealista, con las calles sin tráfico, sin gente”.

Celestino asegura sentirse seguro en su puesto de trabajo, “jamás había trabajado tan bien, en el sentido de poco tráfico, pero conduzco con más precaución porque la falta tan grande de normalidad nos pone a prueba a todos”.

Asombrado de lo pronto y bien que hemos aprendido todas “las normas de seguridad para evitar los contagios y el civismo que percibo en los ciudadanos que cogen el transporte público”, Celestino, cree que no tiene derecho a quejarse de nada, “estoy rey en la cabina de la guagua, nos han puesto medidas de protección frente al virus y su contagio y alrededor hay circunstancias mucho peores que las mías”.

Reticente a que alguien lo considere un ejemplo de nada, mantiene que todo el mérito lo tiene su guagua, “que también se siente triste por tener que trabajar en estas circunstancias, en lo que parece la paz de los cementerios, así que los dos estamos deseando que nos vuelvan a estresar, con todos en la calle y sin más encierros”.

Nadie sabe todavía que hará el compañero de Celestino esta tarde, a la hora de los aplausos; seguro que esperan seguir con esta actividad lúdica una semana más, como mínimo. Confiamos en ti, guagua.

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